viernes, 11 de diciembre de 2009

Viento sur fuerza 3 en la educación en Cantabria

Soplan vientos fuertes y de componente sur, los más temidos en Cantabria (incendio de Santander en 1941), para la educación en nuestra región. Después de varios años (cerca ya de la veintena) en el oficio de enseñante  pocas veces me había encontrado tan desilusionado por las perspectivas no ya de la profesión si no, sobre todo, del futuro inmediato de la materia con la que trabajamos, nuestros alumnos. Quizás sea que me hago mayor, pero vengo apreciando una creciente desidia en el alumnado que, en ocasiones, se extiende al propio cuerpo docente, lo cuál me parece todavía más grave. Estamos desbordados de burocracia y de papeleo administrativo mientras que el trabajo en el aula parece que pasó a un segundo o tercer plano. ¿De verdad tenemos que poner la mayor parte de nuestro esfuerzo en cumplimentar informes, rellenar instancias o formularios y registrar hasta el mínimo detalle las incidencias cotidianas en las clases? Yo planteo: vale que yo anote la falta de asistencia de un alumno y que a través de "la incomparable y nunca suficientemente bien ponderada Plataforma Yedra", los padres del citado alumno sepan, casi en tiempo real, que su hijo ha venido a clase las dos primeras horas pero ha faltado la tercera, por poner un ejemplo. Pero la cuestión es: ¿van a hacer algo por evitar que eso vuelva a pasar? O, en otro sentido, ¿qué esquema familiar hay en casa que permite que eso pase? Más allá de los reproches puntuales que se puedan hacer a un ejemplo tomado al azar, con estas reflexiones quiero poner de manifiesto mis dudas sobre si estamos enfocando la educación hacia los centros de interés que realmente se demandan. Algunos en la calle Vargas parecen haber olvidado que esto no es un taller de montaje de piezas, que en esto se trabaja con personas (nosotros, los alumnos y sus familias), que nuestra finalidad es EDUCAR, no rellenar papeles, y que necesitamos todos los recursos posibles (y no me refiero, por supuesto, ni a los económicos ni a los materiales) para esa finalidad esencial. Por favor, un mensaje a nuestras jerarquía educativas: seguid pensando, pero pedid consejo y apoyo para discernir de verdad que es lo que se demanda en nuestro oficio. Ah, y una modesta recomendación: cuando vuestros trascendentales asuntos os dejen un poco de tiempo libre, pasad por algún aula de algún instituto de esta región, a ser posible, solos (es decir, sin la troupe de asesores que habitualmente os rodea) y sin avisar. Igual tenéis suerte y,!oh, milagro!, veís la realidad: alumnos de carne y hueso, no números.

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Profesor de Historia en un Instituto de Cantabria.

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